Posteado por: elhogarcristiano | 23 enero 2010

Conociendo más a Dios

Juan 17:20-26

Lo que cambia las vidas y transforma el corazón del hombre no es conocer “de” Dios, sino conocer “a” Dios. No es lo mismo que alguien te cuente del Rey Juan Carlos, a que le conozcas personalmente y tengas relación con Él. No es lo mismo que alguien te cuente del Rey lo que ha leído en la prensa o visto en TV, a que te cuente de Él alguien de su familia (familia real).

Para alguien que no conoce a Dios, no hay pregunta tan fundamental como esta: ¿Quién es Dios?.

Y como veremos hoy, nadie mejor que sus hijos, para responder a esa pregunta. Jesús le preguntó a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. En Isaías 40:18 dice “¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?”.  La Palabra de Dios nos revela muchas cosas acerca de Su naturaleza. Pero yo hoy quiero hablaros de la razón por la que DIOS creó al ser humano y se encuentra en el texto que leímos al principio.

En Juan 17, a la luz de los versículos 1 al 5, ¿qué es la cosa más grande que hacen el Padre y el Hijo, el uno por el otro?… Darse gloria mutuamente. Es lo que Dios estuvo haciendo en el infinito, en la eternidad, antes de la creación del tiempo, del mundo, del universo y del hombre. Juan 16:14 nos muestra que el Espíritu Santo participaba también de esta glorificación mutua. Pero, entendemos bien ¿qué importancia y significado tiene esto de darse gloria mutuamente?, ¿para qué sirve? Y ¿por qué lo hacen. ¿Qué importancia tiene para nosotros?. Y ¿qué papel jugamos nosotros en todo ello?.

La Biblia nos enseña que fuimos creados para gloria y alabanza de Dios.

Es fácil malinterpretar la declaración bíblica acerca de que Dios busca su propia gloria en todas sus criaturas y obras. ¿Por qué?. Porque la misma clase de comportamiento en un ser humano es horrible!. Porque percibimos como un ser desagradable a todo aquél que busca constantemente ponerse medallas y que los demás le alaben. Por eso, es natural preguntarse: ¿Por qué necesitaría Dios crear seres que lo alabasen todo el tiempo?. El teólogo británico Packer, reconocido por la revista Time en 2005, como uno de los 25 evangélicos más influyentes del mundo, dice:”Cuando Dios nos llama a glorificarlo, en realidad nos está invitando a tener comunión con Él”. C.S. Lewis dice: “La alabanza no es el resultado sino la totalidad del amor. No puedes amar a alguien sin darle alabanza, es decir, admirarle y elogiarle, y en la medida que lo haces, eres correspondido en amor”.

¿Qué es glorificar a Dios y cómo debemos hacerlo?.

Glorificar a Dios no es acudir a Dios en busca de su ayuda, su perdón, su dirección, su fortaleza, o la bendición que nos pueda dar. Es venir a Él por lo que Él significa para nosotros, por lo que Él es para nosotros, complacerle, honrarle y agradarle, siendo ejemplo, viviendo de acuerdo a Sus enseñanzas. A pesar de las circunstancias, en medio de las pruebas, a pesar del qué dirán, frente a los que nos acusan y a los que nos adulan, frente a nuestros amigos y a los que no nos quieren bien, en todo tiempo y en todo lugar, en compañía y cuando estamos solos.

Debemos glorificar a Dios: Mentalmente, reconociendo que Él es la fuente de todo en la creación. Voluntariamente, atribuyéndole el máximo valor y prioridad en nuestras vidas. Emocionalmente, encontrando nuestro mayor gozo y deleite en Él. Este aspecto de glorificar a Dios es ver su hermosura. Deleitarnos en Su presencia es darle gloria. De hecho, el poner nuestra delicia y felicidad en aquello que agrada a Dios es lo que nos trae el verdadero gozo.

Leyendo el v.5 nos surge esta pregunta: ¿Por qué Jesús estuvo dispuesto a perder su gloria, viniendo a la tierra?. Sus razones tenía: 1) v.4 darle la gloria al Padre a través de su obra redentora2) v.22darle gloria a sus discípulos, para que ellos algún día vean la gloria de Jesús por sí mismos (v.24). ¡Qué profundo es esto!.  El verdadero motivo de Jesús viniendo a la tierra, era glorificar al Padre, como expresión máxima de su amor hacia Él. Pero también hacia nosotros. Es decir, que en el corazón de Dios está el propósito de dar gozo, amor, afirmación y elogio a los demás. Por tanto, cuando Él nos pide que le demos gloria, realmente es con el propósito de correspondernos.

Cuando me olvido de darle la Gloria a Dios, comienzo a pensar que mi vida ha sido construida y levantada por mis propias fuerzas. La mayor parte del tiempo peleamos nuestras propias batallas y no le dejamos al Señor que lo haga. Josafat rey de Judá puso a los levitas cantores y músicos por delante del ejército, cantando alabanzas y derrotaron al enemigo sin necesidad de entrar en combate. La doctrina de la gloria de Dios me recuerda que mis necesidades más profundas no serán cubiertas por mi búsqueda de autoestima y autocomplacencia, sino por la búsqueda de nuestro valor en Dios.

C.S. Lewis menciona que “la alabanza es la salud interior hecha audible”. Nosotros deberíamos de tener el instinto natural de alabar y afirmar lo bueno que hay en los demás, y disfrutar y apreciar lo bueno en nuestro entorno y nuestra vida. Y que poco lo hacemos!. Deberíamos tener una actitud de gozo y de gratitud continuamente en nuestras vidas. Ejercitémonos en ello. Deja a un lado la quejabanza. Reconozcamos los valores en los hermanos y digámoselo!. El perfeccionismo y el espíritu de crítica ahogan el motivo y razón última por la que fuimos creados.

¿Por qué Dios siendo eterno e infinito crea seres limitados y confinados en el tiempo como nosotros ?. Parece como que Dios tuviera necesidad de que le glorifiquen. Fíjate bien en esto: Si Dios fuese unipersonal, entonces al vivir aislado en la eternidad, sería cierto que Él no comenzó a conocer y experimentar el amor mutuo, la comunicación, el gozo y la gloria, hasta que creó otros seres inteligentes. Y entonces concluiríamos que nos creó porque necesitaba todo esto que no tenía. Por tanto, si nunca experimentó el amor, el gozo, nunca se comunicó con nadie, ni sabía que era la gloria, ese Dios unipersonal, no puede ser amor, tampoco puede ser muy sabio, ni perfecto, al menos en su origen. Además, para Él, las relaciones personales serían algo secundario. Sin embargo, la Biblia sustenta la doctrina de la Trinidad, que además hace que el hecho de la creación tenga sentido. La doctrina de la trinidad nos enseña que siendo Dios uno solo, son tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es natural que Dios, que no solo conoce y ha experimentado el  amor, sino que ES Amor, busque compartir Su gozo y Su comunión con otros.  Y por ello nos creó, para compartir Su amor con nosotros. Los humanos sólo podemos alcanzar la felicidad al conocer a Dios. La gloria que se deriva del mundo natural creado es sólo un reflejo, un eco de la naturaleza de Dios. Él nos creó para Su gloria, y busca verdaderos adoradores que le den gloria, no con propósitos egoístas, sino con el fin de compartir Su amor y Su gloria con nosotros sus hijos. Dios creó un mundo de seres humanos inteligentes para compartir con nosotros el amor y el deleite que Él tiene en su propio ser.

La iglesia y la familia son una idea de Dios. Han sido instituidas por Él. Tim Keller dice: “Cuando me olvido de dar gloria a Dios, subestimo la importancia de la comunidad cristiana. La visión cristiana de Dios, es que Dios en sí mismo es una comunidad, una familia (Padre, Hijo y Espíritu Santo). El amor intra-trinitario de Dios y su comunión es la base de toda realidad. Además,  cuando me olvido de la razón por la que Dios creó al mundo y a nosotros, me olvido de la regla del siervo. Irónicamente, la naturaleza de Dios de buscar su propia gloria, en realidad significa que Él está enfocado en los demás. Jesús no nos salvó a través de un sermón, sino a través de su propia muerte como una donación. Él perdió su gloria para que nosotros pudiésemos recibir gloria y ver la gloria de Dios. Aún en la doctrina de Dios, nosotros vemos que el camino hacia arriba es humillarnos. Es perder para ganar. Es morir para vivir. La manera de ser levantados consiste en servir a otros. La manera de ser amados, no es tanto buscándolo como otorgándolo”. Estamos muertos al pecado y al mundo. Un muerto no reclama ningún derecho. Ahora somos de Dios. Él reina.

Cuando nos ponemos a trabajar en la Gran Comisión que nos ha sido encomendada por Jesús, no como una sugerencia o una opción, sino como un deber y un mandato de Dios, nos olvidamos de toda cuestión personal, nos embarcamos en un mismo proyecto, el proyecto de Dios. Allí donde nos sentimos verdaderamente útiles, gozosos, realizados como personas y unidos como una familia llena de amor y armonía. Solo así, olvidando lo que queda atrás, perdonando, dejando a un lado toda cuestión vana, solo así, comenzamos a darle Gloria a Dios!.

C.S. Lewis dijo: “Humildad no es tanto pensar menos de ti mismo, sino mas bien, pensar menos en ti mismo”.

El que se acerca a DIOS, no se equivoca.

Ponlo en práctica y serás la persona más feliz sobre la tierra!!


Responses

  1. le bendigo en el nombre de nuestro señor JESUS. solo quiero bendecir sus vidas, no tengo ninguna pregunta,,,,, paz… soy de caracas y soy predicador del reino… paz


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