Posteado por: elhogarcristiano | 19 abril 2012

Quiero que me vaya bien. ¿Qué puedo hacer para arreglar las cosas en mi vida?

Qué fácil es complicarse la vida y arruinar la propia y la de los demás. Todos conocemos algún ejemplo, ¿verdad que sí?. Las noticias de cada día también lo prueban. Cuando leemos o escuchamos de tantas personas que de forma irreflexiva toman decisiones precipitadas, y reaccionan violentamente por el fogonazo del momento, y dejandose llevar por su ego herido o el dolor de su corazón, llegan a cometer actos homicidas contra sus seres más queridos. O aquellos que atentan contra su propio hogar. Aquél que estuvieron construyendo durante años con el amor de su juventud y de repente se ciegan con el espejismo de una relación carnal que promete ofrecerles más de lo que poseen en la actualidad, y rompen una relación de años, sin considerar el daño que van a causar, a la familia, a los hijos en particular y a sí mismos. Y en general, cuando viene algo de cordura a su corazón, se lamentan, porque quizás ya sea demasiado tarde para poderlo arreglar.

 

¿Cuál es el origen de todo esto?. Sin duda, la raíz de estas relaciones rotas y de estos hechos tan dramáticos es el desamor, o dicho de otro modo, la ausencia de amor que es lo mismo que decir, la ausencia de Dios en el corazón de una persona. Cuando anteponemos otras cosas, nuestros propios intereses o nuestro ego, por encima de Dios, cuando tomamos decisiones sin contar con Dios, cuando decidimos vivir la vida de espaldas a Dios, en ese mismo momento, estamos poniendo el dedo en el gatillo del arma que desencadena el odio (ausencia de amor) y la violencia que terminan dando el fruto amargo de unos actos descerebrados como los que oimos en las noticias cada día. Qué triste es la vida sin Dios y qué dramatico es su final. El hombre sin temor de Dios tiende de forma natural a su autodestrucción.

 

Jesús dijo: “Separados de mí nada podéis hacer” y “Por sus frutos los conoceréis”.

 

Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza, para vivir y relacionarse con él, con inteligencia y capacidad de decisión, y también cada uno tendremos que comparecer delante del trono de Dios y seremos juzgados por nuestras obras, según la ley de Dios. Pero Dios el Padre, entendiendo la fragilidad del carácter humano y nuestra incapacidad para obedecer y guardar sus mandamientos, envió a Su hijo Jesucristo, quien cumplió en su vida todos los mandamientos de Dios y siendo inocente, pagó la pena que nos iba a ser impuesta por nuestro incumplimiento a la ley de Dios. Esa pena era la muerte. Por eso dijo Juan el Bautista: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

 

Y tomando Jesús nuestros pecados sobre sí mismo, puso su vida a cambio de la nuestra, muriendo en una cruz. Nuestra culpa fue sobre Él y con su muerte ya fue pagada. Jesús mismo dijo “Consumado es”, haciendo alusión al cumplimiento de la obra redentora que vino a cumplir a la tierra. Por eso dice la Escritura en Isaías 53:3-12 “3 Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. 4 Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. 5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. 6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. 7 Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. 8 Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. 9 Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. 12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”.

 

Cristo es nuestro ejemplo, ejemplo de una vida sin mancha; es en la cruz, y solamente allí, donde El toma el pecado sobre Sí, y experimenta la muerte física. Sin embargo, tal y como Él anunció a sus discípulos que resucitaría al tercer día, así mismo se cumplió. Cristo ha vuelto a la vida, y el pecado ha sido reducido a la nada por la muerte, de modo que ella efectivamente quita el pecado. Dejando la vida el pecado es anulado. El tercer dia, Cristo salió victorioso de la tumba, con el poder de su vida imperecedera, según su palabra: “Pongo mi vida, para volverla a tomar.” (Juan 10:17). Y sabemos por las Escrituras y el testimonio de los historiadores de la época, que después de su resurrección, Jesucrito se presentó vivo a más de cuatrocientas personas durante cuarenta días.

 

Jesús cargó nuestra culpa sobre Él y con su muerte pagó nuestra deuda. Y Su inocencia ha sido transferida a todos los que creen en Él y le han recibido como su Señor y Salvador. Así que nosotros estamos libres de culpa y ya no tendremos que pagar por nuestra desobediencia a la ley de Dios. Y después de esta vida, disfrutaremos en paz con Dios, en esa vida que hay después de esta vida, y viviremos con Dios por toda la eternidad.

 

Jesús vive. Él puede escucharte cuando le hablas.

Ven a Jesús, acércate a Él con sinceridad y ábrele tu corazón. Cuéntale todo lo que te preocupa, tus luchas, tus cargas, lo que no entiendes. Prepárate y se dócil para dejarle obrar en tu vida. Sin duda, experimentarás un cambio profundo y una transformación en tu vida. Él cambiará tu tristeza y tu lamento en gozo.

 

www.elhogarcristiano.org

 


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